Estábamos en días pasados comiendo en casa mis hijas y yo, cuando la más pequeña, haciendo alusión a su hermano el mayor, comentó de forma espontánea: “Me gustaría tener la misma suerte que mi hermano”, ¿por qué? Pregunté yo, a lo que ella me respondió: Bueno es que el se ha paseado mucho, ya fue aquí ya fue allá, y ahorita ya anda más allá.

Entonces, me dio pie para comentarle que no era suerte lo que había tenido su hermano. En realidad, era una consecuencia de su tenacidad, dedicación y trabajo.

El, durante toda su educación básica fue siempre de los primeros de su clase, por lo que cuando en la prepa se dio la oportunidad de un viaje al extranjero para que practicaran durante 3 semanas su inglés, tanto su mamá como yo, coincidimos que era una buena forma de reconocerle su esfuerzo, enviándolo a ese viaje.

Por otro lado, cuando entró a la universidad, dentro de lo primero que nos platicó, era que quería hacer un intercambio a alguna universidad en el extranjero, a lo que le dijimos que sí, que era una muy buena idea. Y no esperó a que nosotros le cumpliéramos el sueño, sino que puso manos a la obra, y empezó a hacer sus cuentas, ver los requisitos, las necesidades, habló conmigo para ver con cuanto lo apoyaría, y después de eso, buscó un trabajo y puso mano a la obra.

Antes de las vacaciones de verano el año pasado, recuerdo que un día me comentó: Papá, me quiero ir en vacaciones a Canadá, a lo que yo simplemente “pelé” los ojos, y empecé a hacer cuentas, pero cuando poco a poco me empezó a dar su itinerario y las actividades que iba a hacer, más la forma en como lo había pagado. Me di cuenta que más bien lo que quería era mi consentimiento para irse. Y tras 10 semanas allá, regreso con más dinero del que se llevó.

Así que al cabo de un par de años y tras haber estado persiguiendo su sueño, que ahora era una meta, se llegó el momento de iniciar el viaje al último país del continente.

Y es que, en un mundo como en el que vivimos, donde pareciera que todo lo merecemos, pero poco hacemos para ganarlo, donde pareciera que tomar atajos es lo más sencillo, sin saber que los atajos suelen no llevarnos a donde deseamos. El ejemplo de su hermano, me permitió poder decirles a mis hijas, que ellas pueden seguir sus pasos, y que tienen todas las posibilidades y el derecho de hacer, y por supuesto aquí estará papá para darles un empujón cuando lo necesiten.

Hoy, recibo los saludos de mi hijo desde el fin del mundo

By Carlos

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