Aunque no lo crean, no lo tenía entre mis planes, sin embargo se dio la oportunidad de regresar a esa fabulosa isla y no lo pensé mucho.

En esta ocasión no fue con el colegio de fotografía de occidente con quien fui, sino con un nuevo grupo de excelentes personas, todas ellas relacionadas con la famosa International Business Machines, algunos activos y otros ya jubilados, con ellos tuve la oportunidad de poder compartir no solo el viaje que nos llevaría de Guadalajara a San Blas, sino que los tres días de este tour sinigual.

Gracias a Gerardo Elizondo quien tuvo la gentileza de acordarse de que en algún momento del año pasado le comenté de mi deseo de ir a la isla en el tour en donde él ya tenía un lugar.

Y fue así que llegamos a la marina en San Blas, de donde salimos en 4 lanchas para 15 personas aproximadamente, todos dispuestos y de muy buen humor nos aventuramos a un viaje de tres horas y media mar adentro rumbo a lo que es una reserva ecológica y un parque nacional desde 1980.

La isla Isabel, que es parte del municipio de Santiago Ixcuintla Nayarit, es llamada por algunos las Galápagos de México.

Una vez llegando ahí y tras tener el primer avistamiento de la ballena jorobada, la cual en esta época del año llega a estas costas Nayaritas a reproducirse, nos dispusimos a armar el campamento en lo que le llaman “la casona” una construcción sin terminar que sirve para poder acampar bajo un techo, que aunque deteriorado, sirve de resguardo del clima, que en esta época del año, es bastante benévolo.

Tras haber levantado las tiendas de campaña, nos dispusimos a iniciar con las actividades de recreación y conocimiento que tienen perfectamente dominadas y organizadas las personas del Staff de Tours Sartiaguin, a quienes recomiendo ampliamente.

Nos fuimos a lo que llaman las fosas, son unos pequeños cráteres de piedra volcánica que han formado unas grandes fosas naturales donde han hecho su hogar peces de colores y erizos de mar. He de comentar que esta isla es de origen volcánico la cual data de hace 3.5 millones de años, según dicen los que saben, y pues, la verdad… yo les creo.

Así se llegó la hora de la comida, la cual para cuando regresamos de las fosas y tras haber nadado en las frías pero reconfortantes aguas de esta zona del pacífico, sirvió para poder recargar energía. Un plato con deliciosa sopa de arroz, ensalada y frijoles fueron el acompañamiento obligado de unos ricos camarones empanizados, los cuales disfrutamos con una fresca y natural agua de Jamaica y como postre, plátano macho cocido y espolvoreado con azúcar.

La visita al faro, era obligada después de tan rica y basta comida. Y es que para llegar al faro hay que caminar en un sendero bastante vertical el cual reta nuestra condición física.

Pero ya arriba, la recompensa llega sola, al poder admirar desde lo alto de la colina, el extenso mar del pacífico por un lado y por el otro, la forma casi total de la isla Isabel.

En el faro, pudimos disfrutar de la belleza del pájaro bobo de patas azules, las cuales son indicativo tanto de su estado de ánimo como de su madurez sexual, según nos comentaba Carlos Sartiaguin, un joven cuidadoso y entusiasta, quien fue nuestro guía durante nuestra estancia en la isla. Volviendo al tema de las patas de los pájaros bobos, nos comentaban que mientras más azules eran sus paras, más relajado dispuesta estaba el ave para poder atender las leyes de la reproducción. Así que la hembra siempre buscaba, en este caso a su príncipe azul.

Los bobos, anidan en el suelo, por lo que nuestro guía siempre estuvo al pendiente de indicarnos por donde caminar para no alterar a las aves, ya que como en toda cadena alimenticia, los huevos que ellos estaban empollando, podrían ser alimento de las gaviotas que sobrevuelan esa parte de la colina, y que si no tuviéramos el cuidado necesario, podrían espantarse con nuestra presencia y volar, dejando a merced de las gaviotas a su huevos en el nido, que habitualmente son uno o dos a lo mucho.

Ya después bajamos y nos dirigimos a la playa del ocaso, la cual está en la parte trasera de la isla, de donde se puede ver el atardecer en una playa rocosa y fría en esta época del año. El volar de las aves, da siempre un detalle especial a las fotos que se pueden tomar del atardecer en la playa del ocaso.

Finalmente regresamos a la casona, para “recargar la pila” con una típica y sabrosa cena, a base de tamalitos de pollo fritos con frijoles y queso fresco… sencillamente deliciosos, esto acompañado de un café de olla o leche para quien así lo quisiera.

En eso, Carlos, nuestro guía, llamó la atención de los treinta excursionistas que entusiastamente estábamos entrándole al tamal frito, y con voz firme y sonora dijo: “atención señores” en 20 minutos los invito a la esperada “dinámica sideral”. El solo nombre me llamo poderosamente la atención, y por supuesto decidí no perdérmela. Así que al terminar la cena y tras revisar algunas de las fotos y comentar los pormenores del día con los compañero de mesa, me dispuse, junto con los demás a disfrutar de la dinámica sideral.

Aquí haré un pequeño paréntesis, para que puedan imaginarse lo que vimos. Recuerden la noche más oscura que hayan pasado ustedes fuera de la ciudad y de la cual, ustedes hayan volteado a ver el cielo, lindo verdad!!! Bueno, ahora imagínense que estamos a 70 kilómetros fuera del continente, en un lugar donde no hay luz y por si fuera poco, con luna nueva, es decir, no se veía la luna!!! Así que mis amigos, si en el día quedas maravillado por la belleza del mar, de los peces y de las aves… en la noche, puedes experimentar la más impresionante pintura celestial, donde el fondo negro se ve iluminado no solo por las estrellas y constelaciones, sino también por los satélites que se pueden observar a simple vista!!!

Regresando a la dinámica sideral, la cual no fue otra cosa que una amplia, ilustrativa, divertida y muy bien documentada explicación de las constelaciones que ese día y a esa hora pudimos observar. Puedo mencionar que además de ilustrativa, fue muy relajante el estar observando las estrellas en esa noche fresca o divertida.

Me voy a permitir, ilustrar mi relato con tres fotografías, de mis compañeros de viaje, quienes además de buenos fotógrafos, son estupendos conocedores no solo de sus equipos sino de la técnica necesaria para poder captar lo que aquí les muestro.

imagenes cielo

Fue así, como terminó el primer día de expedición en la Isla, después de esto, nos regresamos a dormir y a estar bien pendientes del llamado a las 4 de la mañana, para poder observar una parte de la vía láctea, que para esa hora, nos mostraría parte de su majestuosidad.

Ya para el sábado en la mañana, nos esperaba un suculento desayuno a base de huevos estrellados con chilaquiles y frijoles, y para quien así lo quisiera, fruta fresca de temporada con yogurt y granola y por supuesto jugo fresco y café. Para esas horas el sonido de las aves y la brisa de la mañana hacían del entorno un lugar fresco, tranquilo y alegre.

Los guías tenían previsto el llevarnos a nadar en los linderos de la isla, donde queda aún un arrecife de coral y se puede admirar la fauna marina, sin embargo lo “picado” del mar hizo que esta actividad no fuera lo suficientemente segura, por lo que optamos por ir a buscar ballenas y continuar con el avistamiento de estos colosales mamíferos marinos.

Así que después de tomarnos un dimenhidrinato (para no hacer publicidad al Dramamine) el cual evitaría una molesta y desagradable “mareada” nos dispusimos a irnos de nuevo al mar en las lanchas que ya estaban más que listas.

Al principio me inquieté ya que parecía que más que buscarlas les anduviéramos rehuyendo a las ballenas, además de que no me dejaron subir a la embarcación de uno de los dos guías el cual la noche anterior nos había comentado de su afición por la pesca, por lo que yo pensé que era buena idea ir en su embarcación. Y así fue, después de unos minutos de navegación Edson, el pescador, nos dio el “pitazo” que las ballenas estaban del lado opuesto a donde nos encontrábamos, así que salimos a toda prisa con el rumbo indicado por Edson, llegamos y pudimos ver a un par de ballenas jorobadas que estaban nadando en el lugar. Aun cuando estaban tranquilas y no hubo saltos ni grandes “aleteos” siempre es impresionante el poder ver a estos enormes animales a solo unos metros de distancia en total libertad en el inmenso mar.

Pues después de andar para allá y para acá en la embarcación, nos regresamos a la isla habiendo visto a las ballenas, pero para mí, la verdad nada impresionado, ya que en los años anteriores a estas alturas ya llevaba vistas más ballenas que esta ocasión.

Llegando a la isla tomamos nuestros alimentos, en esta ocasión un delicioso ceviche de pez sierra como entrada, y un exquisito y basto pescado zarandeado, el cual prepararon los hijos de don Emilio, acompañado de una riquísima salsa de tomate y arroz y ensalada para degustar del delicioso pescado. Agua de ciruela y de Jamaica fue lo que tomamos ese día, y de postre fruta fresca al por mayor.

Para bajar tan excesivo manjar, fue necesario el hacer una larga caminata al otro extremo de la isla, pasando por el corazón de la isla subimos y bajamos pequeñas colinas y una densa pero muy noble vegetación, ya que, aunque son recomendables los pantalones, hubo quien llevaba shorts, pero la vegetación que hay en la isla no “pica” ni “quema” ni nada. Así continuamos la caminata por cerca de 45 minutos hasta llegar a otro extremo donde nos esperaba un paisaje fresco, lleno de “bobos” y con unas olas que rompían de forma impresionante sobre las piedras volcánicas que estaban en la orilla. Ahí esperamos una media hora a que se pusiera el sol, una puesta de sol hermosa y fresca la que pudimos ver, para finalmente regresar de inmediato, ya que sabíamos que nos “agarraría” la noche en el regreso.

Así, en un paisaje que, aunque ya habíamos recorrido hacía unos minutos, la oscuridad lo hacía parecer desconocido y algo tétrico, ya que solo la luz de las lámparas que llevábamos nos permitía ver las piedras y ramas secas que íbamos pisando en el sendero.

Finalmente llegamos a la playa de los pescadores sin mayor novedad y ahí ya todo parecía conocido y aunque a oscuras, ya que no había luna que nos iluminara un poco, ya conocíamos el camino a la casona desde ahí.

La cena nos esperaba, pero en mi caso, era más el cansancio que el hambre (por extraño que parezca) por lo que decidí irme a descansar a mis aposentos (casa de campaña).

Al día siguiente, me despertó el amanecer y los rayos del sol, ya que, al no estar nublado, el sol nos daba la bienvenida casi expulsándonos de las casas de campaña.

Ya no alcancé a tomar fotos del amanecer, así que me levanté y me dispuse a disfrutar de un rico y calientito café de olla para acompañar el fresco de la mañana, el cual ya despedía deliciosos aromas del desayuno, que, en esta ocasión, sería machaca de pescado.

Poco a poco fueron llegando los compañeros que habían ido a la toma del amanecer y se fueron incorporando al festín matinal. Una vez que terminamos el desayuno, llego la hora de levantar el campamento y alistarnos para la última caminata, a las monas. Donde más nidos de pájaros bobos nos esperaban. Ya de día y a plena luz, muy distinto fue el andar por el sendero, y así llegamos al campamento de los biólogos de la UNAM, quienes tienen ahí su sede de estudio de estas especies de aves.

Terminó el avistamiento de las aves y de un nutrido grupo de iguanas y regresamos a la playa. Para ese momento, ya estaba todo nuestro equipaje distribuido en las embarcaciones, así que solo faltaba abordar las lanchas para poder regresar a San Blas.

Así salimos, con un poco de nostalgia por la partida y con la esperanza de poder ver algunas ballenas al regreso.

Iniciamos el recorrido, el cual fue mucho más cómodo y suave que la venida, ya que al regresar vamos con el viento y las olas a favor, lo cual hace que el camino sea mucho menos agitado.

Y en eso estábamos cuando de pronto, nos sorprendieron un par de ballenas, las cuales estaban muy activas. Saltaba y aleteaban en pleno y total cortejo, nuestro capitán dio la vuelta a la embarcación para regresar a donde estaba el espectáculo, y lentamente llegamos a lo que fue el avistamiento más impresionante de mis tres viajes a la isla.

Con todo respeto por las reglas, Don Emilio no pasaba de los imaginarios 60 metros que dicta la ley, y pese a que yo estuve “chingue y chingue” que se acerca más, pues no me hizo caso. Finalmente, y ajenos a la voluntad de los enormes cetáceos, cuando menos pensamos y tras haberse sumergido dejándonos ver las impresionantes colas, las ballenas pasaron por debajo de la lancha. En ese momento supe que habría un salto y pues así fue, la ballena saltó a un costado de la lancha lo que emocionó a todos en la embarcación, las cámaras captaron ese espectacular momento, y en eso estábamos cuando de nuevo, la colosal ballena volvió a saltar, esta vez más cerca de la lancha, lo cual causó el júbilo y sorpresa de todos los que íbamos en esa embarcación.

Así, culminaría un recorrido que tuvo de todo, buenos momentos, buena comida, y muchas sorpresas que quedarán en nuestra memoria y que gracias a la tecnología hoy las podemos compartir contigo.

Si en alguna ocasión entre enero y marzo decidieras visitar la Isla Isabel en Nayarit México, sin duda te recomendaría el tour de la familia Sartiaguin, quienes conocen la Isla, conocen su negocio y quieren y respetan el hábitat de la Isla y sus alrededores.

Cada año, una experiencia distinta.

Te dejo este video-resumen de mi paseo y te invito a conocer mi país, un México que tiene mucho que mostrar y donde solo hay que buscar darse la oportunidad de poderlo vivir.

 

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