Una ilusión fueron los últimos tiempos, una mascarada que finalmente culminó, aprendimos a jugar a estar bien sin estarlo, conscientes o no de que esto no podría sostenerse más y terminaría así: Insípido, indiferente, insensible y totalmente desinteresado.

Somos complicados los seres humanos, deseamos lo que no tenemos, sin darnos cuenta de aquello que perdemos sin pensar. Renegamos de los defectos de los demás, inconscientes de no somos perfectos en lo absoluto.

Queremos que el otro cambié, pensando que nosotros no tenemos nada que cambiar. Juzgamos sin querer ser juzgados. Y creemos que somos los únicos que estamos bien. Sin embargo, no hay más ciego que el que no quiere ver. Y no hay más tonto, que aquel que piensa que no vivirá más allá del mañana y que no tiene que preocuparse por el futuro, creyendo la absurda idea que nos están vendiendo, del “Solo importa el aquí y el ahora”.

Consiente estoy que, aunque mis amigos me dicen joven, los amigos de mis hijos, me dicen viejo. Y si tú no lo ves, no será más mi problema. Yo si estoy pensando que viviré por lo menos otros 35 años y me he preparado para ello desde hace tiempo, y ahora más que nunca, lo seguiré haciendo.

No estoy loco cuando voy al psicólogo, lo hago porque sé que tengo mucho que mejorar, lo hago para aprender lo que no se, para ver aquello que, frente a mis ojos, pasó y no me di cuenta, lo hago para aprender a dar valor a aquello que olvide que valía; mi persona.

Hoy, sin duda seguiré cometiendo errores, pero seguro estoy que no serán los mismos. Hoy puedo seguir teniendo mal humor, sabiendo que todos lo tienen en algunos momentos, y no por ello son seres detestables. Hoy puedo verme en el espejo y sentirme tranquilo de las decisiones que tomé y no culparme más por los resultados que obtuve y que pensaba fueron malos, cuando en verdad, eso es muy relativo.

En momentos verdaderamente difíciles, puedes reconocer quienes en verdad te tendieron la mano, y quienes serán las personas en quienes puedes confiar en el futuro.

Estoy seguro que vienen tiempos mejores, porque yo los estoy construyendo. Y con ellos, vendrán nuevos sabores, nuevos olores y nuevas sensaciones. No llevo prisa, toma tiempo sanar las heridas y volver a fortalecerse, pero sé que, con el tiempo, podré volver al camino que me tracé hace ya varios lustros, y que hoy tuvo un ligero traspié.

Recordaré con cariño los buenos momentos y los llevaré siempre en el recuerdo, porque son una parte de mi historia. Pero hoy puedo contar esa historia, sin sentir dolor, coraje o remordimiento. Solo siento agradecimiento por los buenos momentos, que por fortuna en mi recuerdo fueron mucho más que los malos.

Abriré mis ojos a nuevos horizontes, nuevas experiencias y nuevas posibilidades en este mundo lleno oportunidades. Estoy trabajando en hacer de mí una mejor versión que la que había, hace por lo menos un año. Y seguro estoy que llegará de nuevo, no una ilusión, sino una realidad que comparta intereses, sueños y metas a largo plazo y si no, tampoco será algo que me atormente, ya que el estar consigo mismo, te permite aprender a disfrutar de pequeños momentos, de placeres sencillos y, sobre todo, de si mismo.

Yo no me compro los clichés de ahora que te dicen que hay que ser feliz a como de lugar y que la vida es bella, ya que no hay mayor falacia que recitar eso cuando ni tú lo crees. Sin embargo, aun cuando la vida es dura, cruel, injusta y difícil, vale la pena vivirla, vale la pena sufrirla, vale la pena gozarla y vale la pena, intentar dar lo mejor se si para satisfacción propia y por ayudar al prójimo.

Las segundas oportunidades no se piden ni se niegan, uno mismo se las regala a si mismo.

Feliz inicio de semana jóvenes, vamos a comenzar.

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