En días pasados me desconcertó mucho la noticia de que un primo de la madre de mis hijos había fallecido.

Tenía escasos 50 años más menos, y fue sorprendido por un infarto el cual, cortó de inmediato la línea de la vida.

Siempre he pensado que, para cualquier padre o madre, el ver morir a un hijo es un dolor muy grande, sin embargo y sin que esto no haya sido así. Cuando me dirigí a la madre de Oscar para ofrecer mis condolencias por su pérdida, lo que me dijo me dejó pensando mucho en lo que somos y en donde estamos.

Ella me decía, con la fortaleza que siempre le ha caracterizado: “Mira Carlos, estoy tranquila porque él se fue en el mejor momento de su vida, cuando más feliz estaba, cuando más realizado y en paz podría estar y después de haber vivido muy a su estilo, haciendo lo que le gustaba y viviendo como él quería vivir. El no sabrá lo que es el desgaste de llegar a viejo, el cargar con penas y enfermedades, el ver a los suyos morir, y para finalizar, tuvo la muerte de los justos, murió dormido y quedo con su rostro en paz, como si así siguiera, dormido”.

La verdad es que la filosofía con la que una madre pudo ver la muerte de su hijo, es digna de reconocimiento, y por supuesto nos invita a reflexionar un poco, en que… Nadie tenemos la vida comprada.

Quizá hoy vivimos de prisa, o con rencores añejos, o pensando que hoy no pero que mañana si lo haré o si lo disfrutaré, o con cierta idea de que son los viejos a quienes les toca partir primero, pero lo cierto es que este tipo de eventos desafortunados para muchos, nos dice que quizá debemos de ponernos a pensar de vez en vez, lo mucho que publicamos pero que quizá no estamos muy conscientes del todo. Cuanto en verdad tengo que agradecer por lo que tengo, por lo que he vivido, por lo que puedo vivir y por lo que puedo disfrutar aquí en este momento, y por qué no… Como estoy en este momento si hoy me tocará rendir cuentas ante el creador.

Buen fin de semana mis amigos y disfruten de lo que hoy tienen, ya que son los momentos, las personas y los sentimientos, lo que quizá nos acompañe en el final… en un final que, por fortuna, nadie sabe cuándo llegará.

Descansa en paz Oscar López de la Cruz

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