En este día especial para el sexo femenino, ya que hoy celebran el hecho de ser mujeres, me pongo a reflexionar en algo que cotidianamente pienso al respecto.
Somos tan diferentes, que a veces pienso que somos como dos especies distintas, y no debería, sin embargo aún veo tantas diferencias entre los hombres y las mujeres, que la verdad no estoy seguro de si como hombres ya hemos terminado de traspasar nuestra parte animal.
Por fortuna, me complace ver como cada día, más y más mujeres se abren camino por sí mismas, muy a pesar muchos hombres, y no me refiero solo a aquellas mujeres ejecutivas que ocupan cada día más puestos importantes en las empresas, me refiero también a las madres solteras, quienes han sacado y seguirán sacando adelante a sus hijos, me refiero a todas aquellas mujeres quienes salen día a día a darlo todo por sí mismas y por el bien de sus hijos, o aquellas quienes son el soporte moral de su hogar y que gracias a su paciencia, a su tolerancia y su trabajo, que aunque callado y discreto a los ojos de todos, son el pilar de muchos de los hogares de este país.
Hay algo que me gusta mucho observar en las mujeres, y eso es, esa feminidad tan característica en muchas de ellas, sus gestos, su forma de moverse, la forma en cómo hablan, la forma en cómo expresan lo que sienten, su coqueteo, su forma de relacionarse unas con otras (podrán despedazarse pero jamás se harán daño), en fin… son seres tan fenomenales.
Y qué decir de la gestación de un nuevo ser. Es un don que solo se les ha dado a ellas. Por fortuna he visto (literal) como han nacido mi tres hijos, y me ha tocado estar al lado de cada uno de esos 8 o 9 meses en los cuales he sido testigo de cómo se ha transformado ese cuerpo femenino en un capullo que guarda celosa y cuidadosamente otro pequeño ser dentro de sí.
Y qué decir de los momentos apasionados donde podemos compartir de cerca el contacto con el ser amado, con la mujer en su máxima expresión de pasión y de entrega. “Embonamos tan bien” que es difícil pensar que no estemos hechos el uno para el otro. Sin embargo siempre hay detalles que nos hacen pensar que no somos dignos de merecer tal regalo de Dios.
Se siguen cometiendo tantas y tantas injusticias con el sexo femenino, se continúan presentando día con día expresiones que nos alejan de ellas cada día más, y no me refiero al acontecer mundial, me refiero a lo que sucede cada día en la intimidad del hogar. Donde lamentablemente se genera mucho del maltrato femenino.
Quienes tenemos hijos e hijas, creo que es un buen momento, como para poder reflexionar en lo que podemos dar como ejemplo a cada uno de nuestros hijos e hijas, practiquemos el respecto y la tolerancia y generemos un cambio desde nuestro pequeño núcleo de influencia que es nuestra familia.
Felicidades a todas quienes tuvieron la dicha de nacer mujeres.
