En días pasados yendo de viaje a Tepic para pasar el puente del 21 de Marzo, me toco hacer una larga espera casi dos horas antes de llegar a la caseta de “Plan de Barrancas”…
A lo largo podías ver una columna de humo que se levantaba vario metros por encima de la colina más próxima, yo iba llegando ya a la caseta y para quienes pasamos con regular frecuencia por ahí, sabemos que es una “bajada” pronunciada con muchas señalización recomendándote “probar tus frenos con tiempo” tomar la “línea roja” que te lleva al carril de frenado de emergencia, etc.
Pues bien, la cosa es que ya íbamos llegando cuando de repente, y para no variar, tras una curva, decenas de autos detenidos con las luces intermitentes encendidas.
Me frene con oportunidad y dejando suficiente espacio entre el auto más próximo y el mío, con la idea de que si venía alguien en la “pendeja” pudiera haber tiempo de maniobrar… por fortuna, no hubo necesidad.
No pasaron muchos minutos para que una Grúa de gran tamaño que la había visto en circular en contrasentido kilómetros atrás pasara por el carril contrario (sentido Tepic-GDL). Para ese momento ya había muchos más autos tras de mí, y la gente impaciente comenzaba a bajarse de los coches, también unos cuantos curiosos intentaban caminar hacia el incidente, sin saber aún, que es lo que había sucedido.
La columna de humo seguía “activa” en las alturas con movimientos cadenciosos e incesantes, fue entonces cuando el sonoro sonido de las sirenas de las más de 5 ambulancias y dos coches de bomberos, movilizo a la gente, y si bien no estorbábamos ya que ellos circulaban por el carril contrario, que no llevaba autos desde hacía mucho rato, si hizo que los curiosos tomaran acción y decidieran ir a ver qué sucedía.
Para ese momento ya la noche había dado muestras de su llegada y la una esplendorosa nos dejaba ver su rostro casi completo.
Pasaban los minutos y aún sin poder movernos, ya con niños impacientes, mascotas que corrían de un lado a otro y decenas de personas, muchas de ellas jóvenes ya en ropa de playa, hacían más larga la espera. De pronto, se vuelven a escuchar las sirenas de los coches de emergencia de que venían de vuelta, solo una con sirena abierta a toda velocidad, y las otras cuatro en silencio y a paso más lento, era inevitable pensar que lo que había sucedido, era algo trágico. No tardo mi pequeña hija en preguntar: por que las ambulancias de atrás no levan la sirena prendida papá?, me costó un poco de trabajo responderle que en esos casos, las ambulancias ya no llevan heridos, sino cuerpos sin vida. Por lo que fingí, no haberla escuchado y les dije, todos arriba del carro por favor, nos vamos a empezar a mover.
No paso, así, aún pasaron más de 30 minutos para la gente que había ido al “mitote” regresara con todo tipo de versiones, y diciendo que no regresarían. La cosa se pudo peor con los niños, que no querían regresar, lo que querían era ya llegar.
Nos empezamos a mover y como no estábamos muy lejos de donde había sucedido el accidente, pronto llegamos a una escena que a una semana de haberla visto, aún me sigue impactando por lo que ahí, había sucedido hacía apenas unas cuantas horas.
El paisaje, si así se puede decir, era más que trágico, un camión había impactado a más de dos coches en la caseta, habiendo estos explotado e incendiado, tanto coches como caseta. No había más luz que la de la luna que con su luz, iluminaba el esqueleto de lo que parecía un Tórton, fundido con otro esqueleto de una camioneta que estaba de frente pero de costado, dos esqueletos de un par de autos compactos sobre lo que parecía una camioneta y la caseta, aún con el humo saliendo de los mismos, y con los efectos de luz de los coches de bomberos y patrullas que ahí había.
Entonces fue cuando la niña me dijo, ya sé por qué las ambulancias no llevaban las sirenas prendidas ni iban rápido, llevaban muertos verdad papá?, y habría niños también?, me preguntó. Espero que no, le dije.
Fue entonces cuando sentí y un nudo en la garganta, por aquella gente que no conocía pero que a unas horas de haber estado impetuosos y contentos, quizá, por el hecho de ir a la playa en el puente, o ir a ver su familia, o que se yo… en ese momento, ya no estaban más entre nosotros. Por un momento me entro la rabia de saber que no era la primera vez que sucedía una tragedia así en ese lugar, que ya había sucedido eso antes y no se había hecho nada al respecto. Pensé en cómo es posible, que un chofer que va bajando en su camión, no haya probado los frenos antes de impactarse de esa forma, como están la rampa de emergencia 200 mts atrás no la había tomado, por qué no tocó el claxon, por qué no volteó el camión, por qué, por qué, por qué… Y qué tal si venía dormido, y que tal si no tenía experiencia, y que tal si se asustó y no supo qué hacer… Por qué tenían que haber puesto una caseta justo en una bajada, que no saben lo peligroso de ello, y nos es la única, en la caseta del “pichón” en la Tepic-Mazatlán, ya había pasado algo igual… en fin, era rabia, tristeza, coraje e impotencia lo que sentía, insisto, por gente que no conocía, pero que pudo haberme pasado a mí y a mi familia, o a ti que hoy estás leyendo esto.
A los tres días que pase de regreso, ya no estaban los esqueletos de los carros, ya dos casetas improvisadas estaban cobrando la cuota, y es posible que a dos semanas de lo sucedido, ya la caseta esté limpia, pintada y funcionando como si nada hubiera pasado, cual trampa mortal preparada y en espera de su próxima presa.
Son chingaderas.
