Ayer empecé a colocar mi altar de muertos, para poder rendir un homenaje simbólico pero de mucho corazón a quienes nos acompañaron en vida pero que hoy, están ya en espera de recibirnos en la morada de los muertos.
En aquel lugar a donde todos los creyentes esperamos llegar y ser bien recibidos, para reencontrarnos con nuestros amigos y familiares quienes se nos adelantaron en este viaje que todos iniciamos, pero que nadie sabe a ciencia cierta cuando podrá terminar.
En este año tan convulcionado, hemos dejado de ver a muchos amigos y familiares, quienes han partido ya de este mundo, algunos de ellos presas de la pandemia que desde inicios de año nos ha azotado y, otros simplemente por que su tiempo en la tierra terminó.
Incierto es sin duda que nos depara el destino cuando dejemos esta vida, uno de los secretos que nos será revelado cuando nos llegue el momento de no despertar más, o solo de cerrar los ojos para no volver a abrirlos.
Para quienes tenemos la religión católica como una fe que nos guía y nos ayuda en momentos difíciles y, otros no tan difíciles, tenemos la creencia de que pasaremos al reino de Dios, que nos encontraremos en una momento que podría ser de paz y tranquilidad, siempre y cuando el recuento de nuestras obras buenas, incline la balanza hacía el bien, ya que de lo contrario, podría no ser el cielo y el paraíso, quien nos de la bienvenida. Pero eso, solo cada uno de nosotros los sabrá.
La muerte, para muchos temida, para otros esperada, lo cierto es que para la mayoría, no es algo en lo que se piense a diario, más cuando eres joven y hay tantas cosas en que pensar, tantos proyectos por hacer, tantos sueños que conquistar, que no hay tiempo para pensar en ella. Sin embargo, ella será paciente y esperará a que tengamos un tiempo para poder recordarla, sin prisa, ella siempre estará lista para llevarnos al menor error que se cometa. Y es que el ser humano es tan frágil, que un solo resbalón podría terminar con nuestra vida, un parpadeo y podríamos despedirnos de este mundo como lo conocemos, así que abre bien los ojos y no te descuides de forma innecesaria.
Pero hoy, en estos días, no nos toca pensar en la muerte, sino pensar en todos aquellos quienes se adelantaron en el camino, y es que tras haber visto esa hermosa película “Coco”, que muchos quizá vimos, sabemos que el día 2 hay que rendir tributo a quienes ya no están con nosotros. Esperando que ellos sean recordados, por quienes los quisieron en vida y los recuerdan en el paso a la muerte. Con ello, seguro es que estarán festejando con los demás muertos de ese día, en el que en lo particular, se les recuerda a todos.
Si puedes, arma un altar en su memoria, pon una foto de ellos en el altar y piensa en esos buenos momentos que pasaron juntos y recuerda, que a quien se lleva en la memoria y en el corazón, seguirá vivo, aun en el mundo de los muertos.

