El viernes pasado, como casi todos los viernes, me reuní con mi compadre y unos cuates a jugar domino, comer y platicar en un bar de aquí de la ciudad, ah claro y a echar unos tragos, pos si no como verdad!!!

Es un bar muy cómodo, en el sentido que la gente es tranquila (la mayoría adultos mayores), quienes van a comer, jugar, platicar, cantar y por supuesto a echarse sus vinos, pero todo en sana paz.

Estando ahí, salió el inevitable tema de un buen amigo en común de todos los que estábamos reunidos y quien lamentablemente sufrió un “accidente vascular cerebral” en diciembre pasado, pero que gracias a Dios y a los médicos que lo atendieron, hoy está en franca recuperación. Mi compadre recién había ido a verle y nos comentó de lo recuperado que estaba, tomando en cuenta que un problema de estos te puede dejar secuelas importantes de por vida.

El punto aquí, es que él, al igual que muchos de nosotros, era un tipo trabajador y lleno de obligaciones propias de un puesto directivo en una importante empresa transnacional, donde evidentemente las presiones de trabajo son tales, que en muchas ocasiones, te olvidas de cuidar lo más importante, tu propia salud.

Días antes de su problema de vascular, habíamos estado en el mismo bar y lo vimos menos pasado de peso de lo habitual, nos comentaba que había estado internado por un problema isquémico y le habían hecho un cateterismo pero todo había estado a tiempo y era por ello que estaba bajando de peso, cabe mencionar, que siempre fue una persona muy robusta.

Sin embargo, a lo que va mi reflexión al respecto, es a lo siguiente. Muchas veces cuando hemos estado en puestos importantes en empresas de “gran calado” o incluso en medianas compañías, llegamos a pensar en lo importantes que somos, por el puesto, cargo o responsabilidad que tenemos a cuestas, hay incluso personas quienes evitan tomar vacaciones por tanto trabajo que tienen, y porque piensan que son tan importantes e imprescindibles que nadie más podría hacer el trabajo por ellos. Te suena familiar, espero en verdad que no…

Hoy, a un par de meses de lo acontecido con este amigo de quien les hablo, les puedo comentar, que su puesto, ya fue ocupado por alguien más, en tanto el aún continua en una largo proceso de rehabilitación. Y tristemente en otros meses más, su recuerdo laboral en esa empresa se irá desvaneciendo, como el de muchos otros a quienes me toco ver pasar durante los muchos años que estuve trabajando ahí, y no porque la empresa o las personas sean mal intencionadas, para nada, es simplemente, porque la vida sigue y los negocios también, con o sin nosotros.

Por fortuna desde que era muy joven, me toco trabajar al lado de gente que incluso me doblaba la edad, hoy recuerdo las sabias palabras de mi padre quien me repetía una y otra vez “experimenta en cabeza ajena, hijo”, hoy al ver lo que le paso a este cuate, así como hace algunos años, lo que le paso a mi compadre, quien incluso tuvo una operación a “corazón abierto”, creo que hay que dimensionar cada cosa y darle su tiempo a cada cosa también.

El trabajo es muy importante y hay que hacerlo con esmero y profesionalismo, pero recordemos que es solo eso, un trabajo… y lo peor que nos puede pasar es que lo perdamos, difícil no?, claro, pero en nada se compara con tener un hijo drogadicto y ladrón, por haberlo descuidado con la justificación de estar ocupado en el trabajo. Y menos se compara con el estar postrado con un derrame cerebral a causa de la presión extrema por un trabajo sumamente demandante y absorbente.

Como todo en la vida, siempre hay dos o más puntos de vista ante una situación como la expuesta hoy, yo ya te di el mío… tu qué piensas?

By Carlos

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