Hace unos días, quienes tenemos la fortuna de vivir en una de las ciudades más bellas de México, Guadalajara, vimos con impotencia y con suma preocupación un hecho que año con año, nos da muestra de lo mucho que nos falta, como sociedad y para quienes lo conforman, como gobierno.
Me refiero al incendio del bosque de la primavera.
Con profundo pesar, vi como poco a poco la columna de humo que parecía lejana, se hacía cada vez más grande y totalmente perceptible por cualquiera, era como si el bosque gritara pidiendo ayuda, y levantaba sus columnas de humo en busca de auxilio.
Conforme pasaba el tiempo se consumían las hectáreas del bosque y con ellas se transformaban en cenizas las esperanzas de conocer este maravilloso espacio de vida natural para quienes aún no tienen la oportunidad de hacerlo.
Una mezcla de sentimientos entre, coraje, tristeza, impotencia, indignación sentía correr en mi interior, cuando el noticiero decía que el incendio había iniciado por gente que había quemado basura, y esta quema se había salido de control. Pero fue más este sentimiento cuando al paso de los días se daba a conocer un rumor que aseguraba que había sujetos que disparaban a los brigadistas y voluntarios que acudieron a intentar sofoca el incendio. Esto último no me consta.
El día de hoy al salir de casa veíamos como la ciudad estaba llena de humo y contaminación, parecía como si el bosque, que es el principal pulmón natural de esta ciudad, nos estuviera pagando con la misma moneda y nos estuviera forzando a ver el daño que le causamos y lo que nosotros mismos nos estábamos provocando con esta acción. El aire puro que nos da un bosque, se había convertido en humo que emanaba del mismo bosque.
Finalmente el mismo día de hoy, se anunció que se controló el incendio y el recuento habla de miles de hectáreas afectadas por este terrible suceso, que además de la devastación natural, nos deja una vez más una muestra de lo que somos como sociedad, aún en desarrollo.
Me refiero a la falta de conciencia y de responsabilidad al momento de iniciar una “quema de basura controlada”, o peor aún, a iniciar una quema de un bosque, con la idea de acabar con él para edificar viviendas.
Me refiero, a la incapacidad de poder controlar un desastre como el vivido, de forma eficiente e inmediata.
Me refiero, a la indiferencia mostrada por muchos al momento de solicitar apoyo para los brigadistas.
Si, hemos avanzado en muchas cosas, y a veces los medios de comunicación y los grandes aparatos de mercadotecnia, nos hacen pensar que nos hemos alejado del tercermundismo, pero hechos simples como el que acabamos de vivir, no vuelven de golpe a nuestra realidad.
