En días pasados tuve la oportunidad de poder estar en una charla donde se habló de una virtud que considero muy importante y que quizá este algo empolvada.

Me refiero a la virtud de la gratitud, en la formación cristiana y sin conocer mucho de las demás religiones, podría asegurar que en todas ellas, se debe hablar justo de esto, de la gratitud.

Y es que algo tan simple como recompensar de algún modo al bienhechor por el beneficio recibido, en ocasiones poco se lleva a la práctica.

Observemos en nuestra sociedad, en nuestro trabajo, y por qué no, hasta en nuestra familia, como nos hemos olvidado de ser agradecidos.

Y es que quizá en estos tiempos, pensamos que todo merecemos y que mucho nos hace falta. Pero se nos olvida que día a día, Dios nos da muestras de lo mucho que hay que agradecer.

Desde que amanece y nos despertamos, debemos dar gracias por estar vivos.

Si tuvimos solo un café y una galleta por desayuno, pues… pensemos que hay personas que no tiene ni eso para llevarse a la boca.

Hay quien reniega por tener que conducir un coche que no es “del año”, pero no se imagina que es una bendición el poder contar con ese vehículo en lugar de tener que vivir la aventura, de tomar el 380 o el 629 por ejemplo.

El ser agradecido, va de la mano con el ser humilde y el ser justo, que son otros atributos de una persona noble.

La gratitud implica un sentimiento interno de estima al beneficio recibido y una correspondencia externa y explícita a ese beneficio.

En la persona con gratitud, hay un corazón noble de donde brota la necesidad espontánea de dar gracias.

La gratitud nos hace tomar conciencia de que somos deudores de todo lo que tenemos y nos lleva dar gracias, primeramente a Dios, por todo lo recibido a diario.

El ser agradecido, tiene sus consecuencias, por ejemplo: Nos mueve a valorar lo que tenemos y no a valorar lo que nos hace falta.

Bienaventurados los que dan si recordar y los que reciben sin olvidar, decía la Madre Teresa de Calcuta.

La verdadera gratitud no humilla, enaltece al hombre, por que nace del corazón y no por interés.

Parafraseando lo mencionado por la Madre Teresa de Calcuta, “si das, olvídalo… Si recibes, recuérdalo”

Y recuerda que, quien tiene poco espíritu de gratitud, tiene mucho espíritu de soberbia.

Así que, gracias por tomarte la molestia de llegar hasta aquí.

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